El Gobierno de Reino Unido ha analizado la posibilidad de que animales infestados procedentes de América introduzcan el gusano barrenador del Nuevo Mundo (Cochliomyia hominivorax) y cómo influiría el clima en su supervivencia tras la llegada. TAGS: Gusano barrenador. Cochliomyia hominivorax. Sanidad animal. Vigilancia epidemiológica. Medicina veterinaria. Bioseguridad. Enfermedades parasitarias. Control sanitario
La expansión del gusano barrenador del Nuevo Mundo (Cochliomyia hominivorax) por el continente americano está obligando a Europa a plantearse un escenario hasta hace poco remoto: que el parásito pueda cruzar el Atlántico transportado por perros, gatos, caballos u otros animales infestados.
El Gobierno de Reino ha publicado una evaluación de riesgo que analiza esta posibilidad después de la reaparición del parásito en Estados Unidos. Aunque el estudio está diseñado específicamente para Reino Unido, las vías de introducción que examina, movimientos internacionales de animales desde territorios afectados y supervivencia posterior del parásito en función de las condiciones climáticas, plantean cuestiones de interés para el conjunto de Europa, incluida España.
El documento se centra en las importaciones legales de caballos, perros y gatos desde Estados Unidos, Brasil y Argentina, ya que son las especies que concentran la mayor parte de las importaciones británicas de mamíferos vivos procedentes de esos países. Las autoridades parten además de que el movimiento de un animal vivo infestado constituye la vía más habitual de introducción del gusano barrenador en territorios hasta entonces libres.
La evaluación adquiere especial interés para los veterinarios europeos porque C. hominivorax no es realmente un gusano, sino una mosca parasitaria cuyas larvas se alimentan de tejido vivo. Las hembras depositan los huevos sobre heridas, piel lesionada o mucosas y, una vez eclosionan, las larvas profundizan progresivamente las lesiones. Una infestación grave sin tratamiento puede provocar la muerte del animal en entre 7 y 14 días. Prácticamente cualquier animal de sangre caliente puede verse afectado, incluidos los seres humanos, aunque la infestación se produce principalmente en mamíferos domésticos y silvestres.
Perros, gatos y caballos como posible vía de entrada del gusano barrenador
La probabilidad de que un único perro, gato o caballo introduzca el parásito se considera "insignificante" si procede de Estados Unidos y "muy baja" si llega desde Brasil o Argentina, aunque en estos dos últimos países existe una incertidumbre elevada por la limitada información disponible sobre prevalencia y vigilancia.
Sin embargo, los investigadores introducen una matización importante: un riesgo muy reducido por animal no significa que el riesgo acumulado sea idéntico cuando se multiplican los movimientos internacionales.
La probabilidad de que se produzca al menos una introducción aumenta a medida que lo hace el número de animales procedentes de territorios infestados. Como ejemplo metodológico, el informe señala que, si el riesgo asociado a un animal fuese "muy bajo", la probabilidad anual podría alcanzar la categoría "baja" con 1.000 caballos importados.
Asimismo, explican que si un animal se infecta después de la inspección previa a la exportación, la probabilidad de que la infestación continúe sin detectarse antes de viajar se considera alta, fundamentalmente porque los huevos necesitan entre 12 y 24 horas para eclosionar y las larvas pueden tardar varios días en hacerse visibles.
Los autores consideran alta la probabilidad de que los huevos, larvas o pupas sobrevivan al transporte junto al animal. Una hembra puede depositar de media alrededor de 350 huevos por puesta, mientras que el propio hospedador proporciona a los estadios inmaduros unas condiciones favorables de temperatura, humedad y nutrientes.
Por otro lado, en el escenario británico, la probabilidad de que una infestación que haya superado las etapas anteriores no sea detectada en un animal comercialmente importado se califica como media. Para perros y gatos introducidos mediante movimientos no comerciales, el análisis sitúa esa probabilidad en la parte alta de la categoría "media", entre otras razones porque los controles británicos de estos animales no tienen que ser realizados necesariamente por un profesional veterinario ni implican un examen corporal completo.
La preocupación por esta ruta de entrada coincide con lo señalado recientemente por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). La organización explica que el gusano barrenador no se transmite directamente de un animal a otro, sino que su expansión puede producirse mediante el movimiento de animales infestados, el desplazamiento de moscas adultas a través de las fronteras, la migración de fauna silvestre y el transporte accidental.
La FAO considera precisamente que el aumento de los desplazamientos de animales, personas y productos, junto con el comercio informal o ilegal, las presiones climáticas y ambientales y las deficiencias en vigilancia y capacidad veterinaria, se encuentran entre los factores que han contribuido al actual resurgimiento del parásito en América.
El clima europeo, una cuestión clave
El informe recoge que si un animal infestado consiguiera llegar a Gran Bretaña, la probabilidad de que al menos un huevo, larva o pupa sobreviva hasta convertirse en adulto se considera entre "insignificante" y "muy baja" de noviembre a marzo, pero asciende a "media-alta" entre abril y octubre.
Los investigadores calculan además que las temperaturas de las zonas británicas más cálidas serían particularmente favorables entre junio y septiembre para la supervivencia de los adultos hasta la oviposición. El documento, no obstante, deja claro que esto no significa que el parásito pueda establecerse permanentemente en Gran Bretaña, ya que esa cuestión queda expresamente fuera de la evaluación.
La cuestión climática ya preocupa a las autoridades europeas. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha abordado específicamente los riesgos potenciales de llegada del gusano barrenador a la Unión Europea en relación con los cambios climáticos. Además, recuerda que el comercio internacional y los movimientos de animales son posibles mecanismos de introducción de vectores y que las condiciones climáticas pueden determinar posteriormente su establecimiento y persistencia.
Europa, de hecho, ya ha estado anteriormente ante el riesgo de que C. hominivorax alcanzara el continente. La FAO recuerda el brote registrado en Libia, donde el parásito fue detectado a finales de la década de 1980. La situación generó entonces preocupación ante la posibilidad de que la mosca continuara propagándose por África y llegara a Europa.
Una operación internacional coordinada por la FAO y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), en la que participaron 22 donantes y ocho países, permitió erradicar el gusano barrenador de Libia en 1991 mediante la técnica del insecto estéril. Este método consiste en criar y esterilizar mediante radiación grandes cantidades de machos que posteriormente son liberados para aparearse con hembras silvestres sin producir descendencia.
El precedente demuestra que la introducción del parásito fuera del continente americano no es únicamente un escenario teórico y explica la importancia de la detección precoz y de impedir que animales infestados puedan trasladarlo a territorios libres.
Una amenaza que vuelve a avanzar por América
La publicación de la evaluación se produce en un contexto de expansión geográfica de C. hominivorax. El parásito es endémico en buena parte de Sudamérica y desde 2023 ha avanzado hacia el norte a través de Centroamérica y México hasta reaparecer en Estados Unidos.
Cuando se elaboró el análisis británico, Estados Unidos había comunicado 27 casos confirmados en animales domésticos entre el 3 y el 29 de junio de 2026: 15 bovinos, siete ovejas y cuatro cabras en Texas y un perro en Nuevo México. En aquel momento no se habían confirmado casos en fauna silvestre y todavía se desconocía el origen del brote.
Por su parte, la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) señala que durante 2025 se notificaron más de 16.000 brotes en Sudamérica, el Caribe y Centroamérica, mientras que la FAO ha advertido de que la reaparición del parásito está amenazando la producción ganadera, el comercio y los servicios veterinarios.
Precisamente por ello, la evaluación británica se elaboró para determinar si resultaría necesario introducir medidas adicionales de reducción del riesgo, entre ellas el tratamiento insecticida profiláctico de los animales vivos procedentes de países infestados. El informe recuerda que esta medida está contemplada entre las recomendaciones del Código Terrestre de la OMSA.
La FAO insiste en que la detección precoz es fundamental y está reforzando la vigilancia, la prevención, la bioseguridad y la coordinación transfronteriza ante la expansión actual. La organización recuerda que ningún país puede afrontar aisladamente esta amenaza y que la capacidad de contenerla depende también de la vigilancia y respuesta de los territorios vecinos.
Por tanto, aunque la evaluación no permite calcular el riesgo concreto para España ni extrapolar directamente las categorías británicas al resto de Europa, sí aporta información de interés para los servicios veterinarios europeos.
Fuente: www.diarioveterinario.com







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